Querido mortal, sígueme...

7 de febrero de 2013

El amor, una enfermedad más.

Parece que estoy enferma, que no me voy a curar nunca. Y ojalá que sea así de verdad, porque no me quiero curar jamás de esta enfermedad, aunque a veces sufra y se abran mis heridas. 
“Te has convertido en una droga 
de la que no quiero desengancharme en la vida”
Es esa sensación de necesidad, de vacío si no vuelves más. Es ese dolor en mi pecho, esa angustia ahí, que no se puede explicar. Es ese nudo imposible de desgarrar de mi garganta al pensar que te puedo perder en cualquier momento. Es vivir un tormento cada día que se vuelve gris, porque hemos vuelto a discutir. Es esa infinita felicidad, cuando a mi lado estás. Hablo de sentir, de sufrir y de vivir la vida. Prefiero todo esto, a no sentir nada, a no sentirme viva.

Ven. Escúchame y obedéceme...
                                                   ..Por tu bien, por mi bien, por nuestro bien...

                                                                           

Ven, prometo que jamás me iré.
Ven, ya, ahora y no me sueltes nunca.
Ven, susúrrame ese par de palabras por mi nuca.
Ven, sí... que quiero tu boca, aquí, en mi clavícula.
Esta noche, quiero volverme tan loca y tan ridícula.
Ven, ven, ven…que sin ti, me consumo en el fuego.
Ven de una vez, porque si no vienes me muero.
Mi enfermedad, no se puede curar.
Mi enfermedad eres tú sin más.
Mi enfermedad se llama
“Amar”

                                                  Sandra