Querido mortal, sígueme...

1 de diciembre de 2012

Llueve, porque lloro yo...


Extraña la sensación de ver que por fuera llueve y que por dentro llueve también. Sentir las frías gotas del exterior, sentir que te queman las del interior. Parece que  llueve, porque lloro yo. Irónico ¿no? Horrible y a la vez perfecta sensación. Escucho la lluvia desde la ventana de mi habitación, las gotas caen en el asfalto, mientras que las mías caen a la vez en el teclado. Tormenta sin truenos, ni rayos, tormenta que lo que único que consigue es atormentarme más, de lo que antes ya estaba. Nubes grises que forman parte del paisaje. Nubes tristes, que se llevan todo lo malo. Nubes que descargan en lluvia, lo que en lagrimas descargamos los humanos. Tarde de sollozos, tarde perdida. La mía, es ahora la mirada incomprendida, que solo busca una salida. Pero como tormenta, ya desapareces, te alejas de mí, como si ya no me conocieses. Vete y no vuelvas. Se que te vas, para volver cuando quieras, cuando menos me lo espere. Pero te juro que hasta que llegue ese día, esta tonta no perderá la oportunidad de reír y sonreír cada día.

Hoy llueve, porque lloro yo…

                    …mañana tronará, porque gritaré yo…
                                                                                  
                                                        …pero pasado mañana el sol saldrá y no desaparecerá 
                                                                                                              ...jamás.

                                                                              Porque lo digo, yo.                                               


Solo nosotros podemos conseguir la felicidad si nos lo proponemos.
La felicidad no se busca, ni se encuentra, es algo que está en nosotros, 
solo tenemos que aprender a ver los pequeños detalles,
 que son los que realmente valen la pena y 
nos dan razones para seguir sonriendo.

Entrada triste que escribí hace tiempo, 
pero finalmente motivadora, o eso creo...