Extraña la sensación de ver que por fuera llueve y que por
dentro llueve también. Sentir las frías gotas del exterior, sentir que te
queman las del interior. Parece que llueve, porque lloro yo. Irónico
¿no? Horrible y a la vez perfecta sensación. Escucho la lluvia desde la ventana
de mi habitación, las gotas caen en el asfalto, mientras que las mías caen a la
vez en el teclado. Tormenta sin truenos, ni rayos, tormenta que lo que único
que consigue es atormentarme más, de lo que antes ya estaba. Nubes grises que
forman parte del paisaje. Nubes tristes, que se llevan todo lo malo. Nubes que
descargan en lluvia, lo que en lagrimas descargamos los humanos. Tarde de
sollozos, tarde perdida. La mía, es ahora la mirada incomprendida, que solo
busca una salida. Pero como tormenta, ya desapareces, te alejas de mí, como si
ya no me conocieses. Vete y no vuelvas. Se que te vas, para volver cuando
quieras, cuando menos me lo espere. Pero te juro que hasta que llegue ese día,
esta tonta no perderá la oportunidad de reír y sonreír cada día.
Hoy
llueve, porque lloro yo…
…mañana tronará, porque gritaré yo…
…pero
pasado mañana el sol saldrá y no desaparecerá
...jamás.
Porque lo
digo, yo.
Solo nosotros podemos conseguir la felicidad si nos lo proponemos.
La felicidad no se busca, ni se encuentra, es algo que está en nosotros,
solo tenemos que aprender a ver los pequeños detalles,
que son los que realmente valen la pena y
nos dan razones para seguir sonriendo.
Entrada triste que escribí hace tiempo,
pero finalmente motivadora, o eso creo...
