Aseguran que la vida es un camino
que tenemos que recorrer, que si elegimos un camino, los demás caminos son
innecesarios. Y lo cierto es que no lo pongo en duda. Solamente afirmo, que
siempre habrá un principio y un final; en un libro, en un amanecer,
en un amor, en una canción y sobretodo en un corazón. Lo
importante no son los logros, ni las metas que hemos conseguido a lo largo de
esta vida, si no las veces que nos hemos levantado de las caídas. Levantarnos, ponernos en pie y
seguir caminando. Lo
realmente importante es cuando nos hemos reído, sin saber porqué, sin tener
apenas ningún motivo. Llorar, cuando las lágrimas quemaban y los
sollozos se quedaban en la almohada. No dejar de soñar, cuando las desgracias,
te atormentaban. Respirar, cuando las palabras, te asfixiaban, porque no las
dejabas escapar. Seguir luchando, cuando ya no tenías ni espada. Hasta incluso
volar cuando en realidad, te sentías en una jaula encerrada y te
habían cortado las alas. No te preocupes por las piedras del camino, ni por los
tropiezos, pero tampoco te fíes de ellos. No tengas miedo de mirar
atrás, pero no retrocedas jamás. Si te equivocaste rectifica, pero no borres
tus confusiones, ni intentes llevar una vida de perfecciones. Porque la
perfección, simplemente, no existe. No desees atrasar las agujas del reloj,
solamente aliméntate de esos recuerdos, que siempre serán eternos. Si por una
casualidad decides pararte a descansar, párate. Pero siempre vuelve a caminar. Nunca ames el principio, ni odies el final. No te pares a pensar y no te preocupes en actuar alguna
vez sin más. Solamente date cuenta rápido, de que lo único de lo que te tienes
que preocupar en esta vida es de…disfrutar.
