Miraba a su alrededor y solo vislumbraba
una multitud de ruinas. Llamas, gritos, muros derrumbándose, todo se
desvanecía. Caminaba despacio, sin prisa, no parecía preocuparle el peligro.
Se rompía en pedazos, pedazos que ya no la pertenecían. Parecía
que no la quedaba nada y que todo lo había perdido. Su interior…"Era el mismo infierno" Luchaba contra un caos interno, gélido como el
invierno. Llanto, dolor y rabia, conjunto de emociones, cada cual más
innecesaria. Espera, decepción y furia, sentimientos que solo la llevaban a la
inmensa penuria. Todo en ella estaba en ruinas, hasta la misma Roma la
envidiaría. Estaba rota por dentro, hueca y hasta incluso vacía. Y lo peor no era eso, si no que...
"Ya no sabía ni lo que sentía"
Ella estaba en ruinas como Roma
y ardía por dentro como
Troya.
Pero un día todo
terminó, llego él y su infierno se acabó.