Todos siempre tenemos ese miedo de dudar en si arriesgar o no, porque no sabemos el resultado, no sabemos si saldremos ganando o si saldremos perdiendo, no sabemos si tras haber arriesgado seremos desdichados o afortunados. No sabemos que destino nos preparan nuestras decisiones. Únicamente tenemos miedo y un montón de dudas que nos asfixian tras el paso de los desesperantes días. Y lo cierto es que nos preocupamos en si abrir esa puerta o en si dejarla cerrada para siempre, nos preguntamos que habrá tras ella, si será la puerta correcta. Muchos deciden arriesgar y hacen lo correcto, porque puede que ganen muchas cosas, aunque pierdan algunas. Pero otros deciden no arriesgar, porque de esta forma no pierden nada, pero tampoco lo ganan.Desgraciadamente me incluyo en ese grupo de los otros, por una sola razón, esa razón, es el miedo a sufrir más, a llevarme otro golpe más, o tropezarme con una piedra más.
Algo de lo que los mortales
debemos acostumbrarnos día a día.
En mi mente solo me hago esta pregunta,
que me ahoga por dentro y desespera por fuera....
que me ahoga por dentro y desespera por fuera....
¿Cuantas serán las puertas que dejaremos sin abrir,
simplemente por ese miedo a arriesgar?
Tal vez, necesitemos solamente un tiempo para recapacitar en si abrir esa puerta o no.
El problema está cuando ese tiempo se consume y ya no queda nada.
Sandra
