Confiaste en las
personas equivocadas,
levantaste a las personas menos apropiadas,
aplaudiste ciegamente a esos verdugos
que llevarían acabo tu propia muerte, tu
propia desgracia.
Inocente como los
primeros copos de nieve,
dulce como una joven
manzana.
Regalaste sonrisas a
los que a tus espaldas te acuchillaban,
defendiste a personas
indefendibles,
personas que jamás se
jugarían su cuello por tí.
Te gustaría perder
esa inocencia que solo te trae nada más que problemas y
quebraderos de cabeza, que te atormentan, que te llevan a ese sueño profundo,
quebraderos de cabeza, que te atormentan, que te llevan a ese sueño profundo,
ese sueño del que no
te quieres volver a despertar.
Engañada y
desilusionada solo buscas envenenar
con la misma manzana a los que te envenenaron.
Porque esta vez,
estás harta, harta de ser la misma tonta
de la que siempre se
ríen, de la que siempre se aprovechan.
Sandra
Sandra
